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postalesdesdemexico

Amor a la mexicana: cinco canciones de artistas mexicanos que retratan el amor de la actualidad.

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Se dice que en México sabemos querer de una manera diferente a la convencional. El mexicano sabe querer y amar de una manera muy especial. Es por eso que si en el post pasado les entregué 14 álbumes para escuchar durante su Día de los enamorados, hoy les muestro cinco canciones de artistas que han enamorado al público mexicano por su manera de expresarse.

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BAJO TUS ALAS (WIGETTA)

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CAPÍTULO 2 “CONSTRUYENDO UN PUENTE”

Narra Samuel

Despierto de golpe y me siento en la cama, miro a mí alrededor algo desorientado, pues aun no entra luz por la ventana. Doy un par de manotazos a mi mesita de noche intentando encontrar mi móvil que suena incesantemente con esa musiquita odiosa que no se en que momento se me ocurrió ponerle. Lo tomo por fin y dejo caer la cabeza nuevamente sobre mi almohada, mientras lo desbloqueo frente a mi rostro para ver la hora. Apenas puedo abrir los ojos. El brillo del móvil me da en toda la cara y ¡Joder! Creo que he quedado ciego.

Son las 5:30 de la mañana y tengo un sueño, que no puedo con el. Siento que solo he cerrado los ojos unos cuantos minutos y ¡PIM PAM! Ya es de día ¿Por qué las noches son tan cortas? Aunque probablemente no es que sean cortas, pero si te pasas hasta casi las dos de la mañana hablando con tu mejor amigo por Messenger, no pueden ser de otra manera. Y es que si, Willy tiene toda la culpa de que no vaya a poderme quitar la cara de dormido en todo el día y es que yo soy de corazoncito frágil y Willy… bueno, Willy no tenía sueño y quería que le hiciera compañía. Al final creo que se ha quedado dormido frente al ordenador, pues le mandé tropecientos zumbidos y pasó de mí como de la peste. Ya le reclamaré en cuanto lo vea.

He dormido poco mas de tres horas y eso claramente no va a ser suficiente para mantenerme alerta durante el día, probablemente me quede medio dormido en la clase de ingles y solo espero que el profesor no me pille bostezando en medio de alguna explicación.

Me levanto de la cama de un salto, sin olvidarme por supuesto de plantar en el suelo primero el pie derecho. Lo sé, es una manía sin sentido, pero era una costumbre de mi abuela y terminé por adoptarla. No es la única manía rara que tengo en todo caso.

Tengo una hora para alistarme, lo cual es suficiente aunque me hubiese gustado tener un poco mas de tiempo. Soy bastante meticuloso respecto a mi aspecto personal y puedo pasarme horas frente al espejo intentando que mi cabello quede de una forma decente. Lo cual casi nunca pasa por supuesto. Le he dicho a Willy que tengo la sensación de que me quedaré calvo antes de los 30. Él dice que estoy exagerando.

Escucho a mi madre en la cocina cuando salgo de mi habitación, aunque no me sorprende por supuesto, ella despierta a las 4:30 de la mañana casi cada día, es por eso quizá que siempre está dormida desde muy temprano. Me doy prisa en correr a la ducha, pues estoy seguro que no tarda en gritar que baje a desayunar y mi madre no es una mujer con mucha paciencia.

Salgo por fin de la ducha y… ¿De verdad me he olvidado la ropa en la habitación? ¡Venga ya! Es que el nivel de empanamiento que me cargo no es ni medio normal. Doy gracias a Dios que mi madre está abajo y al parecer mi papá aun está dormido, pues acabo de atravesar  corriendo el pasillo con tan solo una toalla enredada en la cintura y nada más debajo. Entro a toda prisa a mi habitación y cierro la puerta con seguro. Mi madre suele aparecerse a veces sin siquiera haber tocado a la puerta antes y no espero iniciar la mañana con mi madre viéndome tal como me ha parido.

–¡Ya está listo el desayuno! – escuchó tres fuertes golpes en mi puerta seguidos de la enérgica voz de mi madre y sus pasos alejándose unos segundos después. Me visto rápidamente con la ropa que ya había preparado desde la noche anterior y bajo sin siquiera haberme pasado un cepillo por el cabello.

–¡Buenos días! – exclamo mostrándole a mi madre mi mas reluciente sonrisa. Se acerca dejando el plato con mi desayuno frente a mí, para después darme un beso en la mejilla regresándome la sonrisa.

–Date prisa o llegarás tarde – me dice mientras toma una tostada llevándosela a la boca. Desaparece de la cocina unos segundos después.
Pongo toda mi atención en el plato de desayuno frente a mi ¿De verdad espera que coma todo eso? Empiezo a creer que por alguna razón mi madre quiere que yo sea gordo. Al menos así llegaría mas rápido a la escuela, rodando. El plato está lleno a rebosar; huevos, beicon, salchichas y patatas. Un enorme vaso de zumo de… de algo color rojo sangre acompaña a la comida y yo siento que me dan nauseas.

El zumo resulta ser de arándanos y vale, no está tan mal después de todo. Me termino con esfuerzo todo lo que hay en el plato antes de que mi madre regrese a obligarme y subo a toda prisa a terminar de alistarme y lavarme los dientes. Son las 6:30 de la mañana y por fin estoy listo. Salgo de la casa tomando mi mochila luego de despedirme de mi madre.
Camino como cada día unos cuantos pasos hasta la casa de Willy que está justo a un lado de la mía. Cuando estoy a punto de golpear la puerta, esta se abre y mi mejor amigo aparece con unas ojeras hasta el piso.

–¡Hombre, Willy! ¡Buen día! Que buena cara tienes el día de hoy – se me escapa una risita y mi amigo me mira un poco de mala gana mientras entrecierra los ojos haciendo que estos desaparezcan de su rostro casi por completo.  Se ve incluso con peores pintas que las mías y estoy seguro que está odiando el hecho de haberse desvelado.

–Me he quedado dormido encima del teclado – dice de pronto y yo suelto una carcajada escandalosa. Hace una mueca evidenciando lo molesto que le resulta el sonido – Pero calla, ruidoso, que me duele la cabeza – se queja mientras bajamos las escaleras de la entrada de su casa sin muchas ganas de avanzar.

–Yo no fui quien quiso quedarse despierto hasta las tantas de la madrugada, así que tu tienes la culpa de que tengamos esta cara de pringados.

–Pero si con esa cara has nacido chaval. Deja de echarme la culpa – finjo ofenderme de forma exagerada, para después pasar mi brazo por sus hombros atrayéndolo a mi en un medio abrazo, tan cariñoso como brusco, mientras siento como se remueve con incomodidad. Willy es un poquitillo borde a esas horas de la mañana y a mi me gusta molestarlo poniéndome cariñoso, se que no le gusta y no podría llamarme su mejor amigo si no lo molestara un poco cada mañana… o mucho.

Willy y yo nos conocemos desde que tengo memoria. Prácticamente desde que nos conocimos hemos sido los mejores amigos. No recuerdo algún aspecto importante de mi vida en el que Guille no haya estado presente y eso de verdad lo agradezco. Es difícil encontrar amigos verdaderos, de esos que comparten contigo los gustos, pero sobre todo que te aceptan aun con todo lo malo. Así es él, me aguanta y me acepta como soy, aun con todas mis manías raras, aun con mi carácter en ocasiones explosivo. Él siempre ha estado conmigo y espero que así sea por mucho tiempo más.

Caminar por esta cuesta se ha convertido en una rutina para nosotros desde hace un año que Willy entro también al instituto. El tiene 16 años y yo estoy por cumplir 18, así que tuve que pasar 2 largos años de instituto sin mi mejor amigo y ahora que estoy a un par de meses de graduarme, nuevamente estoy a punto de iniciar en una nueva escuela yo solo. Estoy a nada de convertirme en un chico universitario y estoy seguro que eso es lo que ha tenido a Willy tan callado los últimos días.

Se que a él tampoco le agrada mucho saber que nuevamente va a quedarse solo y no es que tenga problemas para hacer amigos o para estar con alguien mas, de hecho aun con su humor cambiante, esta riendo casi todo el tiempo y tiene esa capacidad para caerle bien a las personas solo con mostrar su sonrisa contagiosa. Aun así lo he notado algo preocupado, aunque no diga nada. Se que voy a hacerle falta y él va a hacerme falta a mi.

–Te veo en un rato – me dice cuando hemos llegado por fin a la entrada del instituto. Me dedica una simple sonrisa y lo veo alejarse por el pasillo que va a los salones de primer año. Suspiro antes de girar sobre mis talones y caminar en dirección opuesta a él.

Las clases pasan tan normales como cada día y por alguna razón no he sentido nada de sueño en ninguna de las clases. He estado tan despierto como siempre. No debo olvidar que son los últimos meses en esta escuela, debo tener buenas calificaciones si es que quiero aplicar para una buena universidad. Aun ni siquiera tengo claro que es lo que quiero estudiar exactamente, aunque debe estar relacionado con la salud, de eso no me queda duda.

A la hora del almuerzo me encuentro con Willy y vamos juntos a la cafetería. No tengo nada de hambre después del desayuno tan abundante que me dio mi madre, así que me limito a ver a mi mejor amigo comer. Ha estado muy callado nuevamente y vale, tampoco estoy esperando que hable con la boca llena de hamburguesa, pero está comportándose raro y necesito saber que es lo que le sucede y se que será difícil hacer que me lo diga.

–¿Qué es lo que pasa Willy? – pregunto apoyando los codos en la mesa en posición de poner atención a todo lo que me vaya a decir, en caso de que le den ganas de hablar. Levanta la mirada pasándose el último bocado de su comida y me mira arqueando una ceja con ese gesto desconfiado tan propio de él.

–¿Qué pasa de que? – me responde con una nueva pregunta y resoplo en respuesta. Aquí empieza la lucha por hacerlo sacar las palabras.

–Has estado muy callado últimamente, así que quiero que me digas que es lo que te sucede – se queda mirándome por un momento, como tratando de entender a que me refiero o quizá buscando una excusa para no tener que decirme realmente lo que le sucede. Finalmente lo que dice si que me sorprende.

–Estás por convertirte en universitario, eso es lo que sucede – ¿en serio? Es que no me puedo creer que lo haya dicho así de fácil, por lo general tengo que insistirle hasta el cansancio para que diga que es lo que le sucede. No me sorprende que su seriedad sea exactamente por lo que yo estaba pensando.

–Se que vas a extrañar a tu Samuelito, pero si estás por llorar necesito que me lo digas porque quiero grabarlo – Willy me mira con expresión molesta y casi puedo asegurar que está a punto de soltarme un guantazo. Este chaval es violencia pura detrás de esa carita de inocente.

–¿Extrañarte yo? ¡Más quisieras chaval! – hace una mueca regresando toda su atención a la media hamburguesa frente a él y casi puedo sentir que se ha puesto nervioso.

Willy no ha sido así desde siempre, él antes era de los que decía cada cosa que sentía, sin pasar la más mínima vergüenza o al menos eso es lo que parecía. Probablemente es que hace un par de años aun era un niño inocente y sin filtros. Sigue siendo algo inocente, pero se ha vuelto retraído y algo voluble con el pasar de los años. Puede pasar de la risa más escandalosa, a hacerme la ley del hielo por ve tú a saber que cosa. Yo siempre he tenido ese instinto protector con él, es casi como una necesidad el hecho de saber que se encuentra bien, quizá porque soy un par de años mayor, quizá es simplemente porque… la verdad es que no lo sé.

Las clases han terminado y Willy y yo andamos por el mismo camino de esa mañana. Son aproximadamente 20 minutos a pie, pero ni él ni yo somos muy fanáticos del transporte público.

–Iré a tu casa como a las 5 ¿vale? – me mira esperando a que asienta y es que ni siquiera veo necesario que me haga siempre la misma pregunta, vivo a unos pasos de su casa y el aun siente que debe avisarme cuando va a visitarme. Desde que recuerdo voy a su casa o el viene a la mía casi cada día.

Asiento con una sonrisa y miro su expresión de conformidad, Willy es Willy y no intentaré cambiar nunca su forma peculiar de ser.

Entro a mi casa y escucho a mis padres hablando en la cocina. No están discutiendo, de hecho nunca lo hacen, pero puedo detectar a mi madre un poco alterada por el tono de su voz. No se si entrar y anunciar que ya llegue o dejar que sigan hablando de sus asuntos. Me decido por gritar desde el salón.

–¡Ya llegué! – anuncio mientras espero unos segundos por su respuesta antes de encaminarme a mi habitación. Mi madre aparece frente a mí y me siento inmediatamente preocupado por la expresión de su rostro.

–Necesitamos hablar contigo – mi padre aparece también junto a ella. Vale, estoy oficialmente preocupado. No se si preguntar o escuchar primero lo que tengan que decirme. Finalmente me decido por lo segundo.

Nos encaminamos a los sillones y ellos se sientan frente a mí invitándome con la mirada a que me siente de igual forma. Tengo ese mal presentimiento que probablemente cada adolescente del mundo siente cuando sus padres se le aparecen enfrente con esa expresión tan seria a decir “Queremos hablar contigo” ¿es necesario tanto misterio?

–¿Y bien? – cuestiono y la mueca seria de mi madre se convierte en una enorme sonrisa. Ahora si que no entiendo nada. Estoy esperando que no me salgan con la noticia de que tendré un hermanito, porque soy feliz de ser hijo único.

–¡Tu padre ha conseguido un nuevo empleo! – la expresión de mi madre es como para una fotografía y parece que en cualquier momento hará ebullición de la felicidad. Si eso fuera posible.

Ambos me miran expectantes esperando mi reacción y vale, si que me alegra, cualquier cosa que los tenga así de felices me alegra por supuesto, pero no sabía que mi padre estuviese tan deseoso por dejar su anterior trabajo, como para ahora estén tan felices por esto ¿Acaso mi madre está a punto de llorar?

–¡Pues me parece excelente! – respondo, intentando mostrarme lo mas emocionado posible. Si ellos están tan felices ¿Quién soy yo para arruinarles la felicidad? Mi madre se levanta de su asiento y se encamina hacia mí. Se sienta a mi lado y me toma de la mano.

–El nuevo empleo de tu padre es en Los Ángeles

Vale, pues eso si que no me lo esperaba.

Ha dicho aquello tan despacio que casi parece que se siente temerosa de mi reacción. ¿Los Ángeles? ¿De verdad? ¿Y porque entonces ella parece tan contenta de que mi padre tenga que irse al otro lado del mundo?

–¿De verdad? ¿Tan lejos? – pregunto aun sintiendo que están jugándome una broma. Mi padre se limita a asentir – ¿Y vas a estar mucho tiempo allá?
La expresión de ambos cambia inmediatamente al escucharme. Mi madre se remueve en su lugar con nerviosismo y mi padre se aclara la garganta dispuesto a hablar por primera vez desde que nos hemos sentado.

–No me voy a ir solo – responde – ustedes van a ir conmigo. Vamos a irnos a vivir todos a Los Ángeles.

Me atraganto con mi propia lengua y creo que estoy a punto de vomitarles los pies a ambos.

Dos horas y media después todo está en calma en mi casa. No he querido comer, pero tampoco tengo hambre, no podría pasar bocado aunque lo intentara ¿De verdad vamos a irnos? ¿De verdad voy a dejar mi vida en España para mudarme al otro lado del Atlántico? ¡Esta tiene que ser una puta broma!

Me tumbo en la cama mirando al techo y casi siento ganas de ponerme a llorar a gritos. No quiero irme, ¡No quiero irme maldita sea! Toda mi vida está aquí, mi escuela, mis amigos… Willy

Su rostro aparece en mi mente de pronto y siento aun mas ganas de llorar ¿de verdad debo dejar a mi mejor amigo? Es que esto no puede estar sucediendo. Me incorporo en la cama y miro la hora. Son las 5:10pm. Estoy a punto de levantarme para dirigirme yo a la casa de mi amigo, cuando escucho un par de débiles golpes del otro lado de la puerta. Me levanto rápidamente sentándome en la cama. Parpadeo un par de veces intentando que desaparezcan los rastros de posibles lagrimas ¿Cómo voy a decirle esto a él?

–Adelante – respondo no muy fuerte y veo el pomo de la puerta girar. El rostro sonriente de mi mejor amigo aparece frente a mi y yo siento que se me revuelve el estomago.
Willy empieza a hablar de quien sabe que cosa y yo ni siquiera estoy escuchándolo, lo único que pasa por mi mente es que voy a irme lejos, malditamente lejos y que todo lo que tengo aquí no estará allá y que soy la persona más miserable en este momento.

–Ni siquiera estás escuchándome – se queja – ¿Qué es lo que pasa?– me pregunta y estoy seguro que si digo una sola palabra voy a terminar llorando y me desespero. Estoy a punto de jalarme de los cabellos. Pero debo decírselo y no se como. Ya de por si era una mierda tener que dejarlo solo en el instituto para volverme un chico universitario. Esto es peor, mil veces peor.

–Voy a irme Willy – contesto sin poder apartar mi mirada de mi mejor amigo y él hace una mueca pues seguramente no entiende a lo que me refiero ¡Maldita sea! Ni siquiera yo lo entiendo. Él no pregunta nada, me mira esperando que siga hablando – mi padre ha conseguido un nuevo empleo y… – siento un nudo en la garganta que me está impidiendo hablar con claridad. Willy no deja de mirarme y puedo ver como está jugando con sus manos de forma nerviosa.

–¿Y? ¿Y que Samuel? – pregunta casi demandante y yo tengo que desviar la mirada. ¡No quiero dejar de ver a mi amigo! – ¡Habla! – me exige y estoy seguro de que ya sabe lo que estoy a punto de decirle. Todo se vuelve mucho más difícil cuando escuchó su voz temblorosa. Regreso mi mirada a él y tiene los ojos llorosos y hace años que no veo a Willy llorar y había olvidado la insoportable sensación de ver a mi mejor amigo de esa manera.

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He probado esta nueva forma de narración y me gusta mucho, espero que a ustedes también. Un besote. Espero sus mensajitos de amor :D

Source: animalito-de-la-luz